Contaminación ambiental de las aguas y en ambas márgenes del Río de la Plata. Alerta temprana.

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El agua contaminada produce más muertes que la guerra. Es el dato crucial, aportado desde Naciones Unidas en el día mundial del agua, conmemoración instalada a partir de 1993.

   Con la mirada, el intelecto y la voluntad puestas en este flagrante crimen, todavía impune, de actores conocidos y también indeterminados hemos de continuar abocándonos al tratamiento de casos muy concretos y próximos, donde priva el gerenciamiento comercialista, dotado de un ciego afán de lucro y exento de prejuicios solidaristas.

   Es, justamente, hoy, cuando las autoridades responsables de la salud, del bienestar y del futuro de los pueblos aparecen como ajenas a la Convocatoria desafiante que proviene de nuevos emprendimientos industriales – en un área considerada por su alto nivel de producción contaminante, entre las más perniciosas para la Humanidad, para las plantas, los animales, el agua de los ríos, las bellezas escénicas, la atmósfera, las aguas marinas y subterráneas – que es preciso adquirir conciencia del inmenso riesgo que, como amenaza visible y de efectos objetivos a corto plazo, se cierne sobre la vida, la salud, la prosperidad y las ilusiones de todos aquellos afectados por las emanaciones tóxicas, por los efluentes cargados de detritus consecuencia de un proceso industrial que trabaja en base a la elaboración, consumo y excreción de venenos y sustancias altamente corrosivas.

   Probada está incluso en causas judiciales la relación causa – efecto entre la elaboración industrial de la celulosa y consecuencias las más graves, permanentes y evidentes en situaciones bien determinadas como en las costas de los países bálticos, en Valdivia (Chile) y en las rías del Cantábrico. Cuando, para incrementar las ganancias, se optimiza el lucro, mediante la verticalidad del proceso, y se produce en la misma planta la gama de insumos, todos ellos signados de elevado potencial destructivo y contaminante.

   Increíblemente, y no obstante la tupida red de Tratados, convenciones y declaraciones que conducen a condenar estas prácticas vituperables, que se producen con la concupiscencia de autoridades ineficaces o francamente involucradas, la realidad que protagonizan las pasteras tiene, para muchos, carácter de “hecho consumado”. Esto no debiera ser así, por cuanto están afectados valores, derechos e intereses de tal magnitud, como que refieren a los millones de argentinos habitantes de La Plata, de Buenos Aires y de Colonia, quienes se encuentran sometidos a la dependencia de la fuente de agua proveniente del Río de La Plata y, por ende, de su afluente también internacional, el Río Uruguay. Y, también, a la pérdida de sus cosechas, de sus mieles, sus vinos y de sus mercados, incluso para su producción ganadera.

   Es sabido y admitido en la jurisprudencia y en la práctica entre Estados, que, tratándose de ríos internacionales, éstos deben ser cuidadosamente administrados en conformidad con criterios equitativos que comprometen aviso previo a la construcción de obras; al uso normal e igualitario de las aguas entre los partícipes del río, a la conservación sobre todo, de la calidad del recurso agua, a la evitación de daños, a las personas, y a la naturaleza. Ahora – con los modernos desarrollos progresivos del Derecho Internacional – con la obligación de evitar toda contaminación que afecte al planeta y a la Humanidad.

   De ahí la inminencia de una amenaza consumada por la acumulación de los efectos nocivos, perniciosos, letales, a derivarse, seguramente del continuado vertido contaminante de BOTNIA, que sería, a corto plazo seguido – si no se oponen las fuerzas sociales y políticas que debieran hacerlo – por la instalación de otra inmensa empresa – STORA ENSO – dedicada a la misma facturación, con lo que se produciría un asfixiante clima, intolerable, de maldad e indignidad, por sobre las poblaciones de ambas riberas del Río de la Plata.

Marzo de 2010
Dr. Camilo Hugo Rodriguez Berrutti
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